Y los “tontos” estos dicen que no a un salario mínimo de 3.300 euros al mes

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Imagen del referéndum en Suiza promovido por la Federación Sindical Suiza, donde el 77% votó ´no´a un salario mínimo.

 

Y Suiza, para sorpresa de algunos, dijo NO en referéndum a un Salario Mínimo de 3.300 euros al mes en un espectacular 77% de personas en contra.

¿En España votaríamos así?

El Salario Mínimo se impuso en España ante el temor de la absoluta y eterna “maldad” de los empresarios que siempre quieren y querrán bajar el salario y explotar al máximo a sus trabajadores (a pesar de que el salario medio en España sea más del doble del salario mínimo, algo que los sindicatos suelen tardar en contar)

Un Salario Mínimo puede tener una justificación. Bajo la estructura económica en la que vivimos, la mayoría de la gente vive con una única fuente de ingresos, que supone en muchos casos además, un trabajo por cuenta ajena. De esa única fuente de ingresos depende todo su bienestar, ya que su consumo y ahorro van a venir por ahí. Si no existiera un seguro, un tope mínimo, en momentos de crisis, esas fuentes de ingresos podrían ser menores y eso además afectaría tanto al bienestar personal como al consumo interno del país. Además, el salario mínimo sirve de protección (de los que ya están trabajando, claro). En una economía totalmente libre, la desesperación de muchos haría forzar salarios a la baja hasta mínimos que ni podríamos imaginar, ya que…¿por cuánto salario trabajaría un inmigrante que acaba de llegar y viene de la más absoluta pobreza? seguramente no sería muy exigente.

Sin embargo, los Salarios Mínimos (y la regulación del mercado de trabajo en general) son un arma de doble filo. Mientras sí, es cierto que sirven de referencia para medir la “dignidad” de los trabajadores, que aunque quisieran no podrían trabajar por menos del mínimo, también estamos expulsando del mercado laboral a miles de personas “indignas” que sí lo harían aunque fuera de forma temporal, pues siempre es mejor, en mi opinión, trabajar por cuatro duros, que no trabajar. Y es que, uno mismo sabe qué es lo mejor para sí, y busca la mejor de sus opciones.

No debemos olvidar tampoco que los salarios que paga un empresario no sólo se componen de la transferencia que nos llega al banco, si no de multitud de impuestos que deben abonar, como la Seguridad Social por parte de la empresa y trabajador, que puede llegar al 25%, el IRPF (que varía 7%-12% -18%-52%), cotización por desempleo y formación. Si para una empresa, el dinero que va a “generar” ese trabajador es menor que lo que va a ingresar vía Beneficios (ingresos por ventas neto de resto de gastos), jamás lo contratará. Y llegamos entonces, al punto en el que existe un empresario “explotador” y un trabajador “desesperado” que por ley no podrán formalizar un contrato de trabajo que ambos aceptarían. Esto también es falta de libertad.

Si nos vamos a buscar ejemplos, los países sin Salario Mínimo en Europa (Alemania, por ejemplo), tienen salarios medios más altos, y a su vez, niveles de paro más bajos. En el caso Suizo que hemos empezado a comentar, sus desprotegidos habitantes tienen un ingreso anual bruto por habitante de 40.000 euros (en Europa sólo por detrás de Luxemburgo y Noruega), aunque bien es cierto que habría que descontar el gasto en sanidad privada, ya que no disponen de una Seguridad Social. La tasa de paro está en el 3,3%. Y es que parece ser que, las personas, libremente, saben ponerse de acuerdo en cuanto a formalizar contratos.

Por tanto, un salario mínimo tiene sus efectos positivos y negativos. En momentos de dificultad (como el actual), podría ser interesante considerar en liberalizar al máximo la economía, de tal forma que sí, habrá algunos que vivirán peor, pero aceptarán puesto que es lo que hay. A pesar del intenso socialismo en el que vivimos en España, el es lo que hay existe en España bastante, y aparte de eso, existe también el que no encuentra nada, ni rebajando sus expectativas. Y cuando ésta situación temporal desapareciese, sí que tendría sentido forzar esos salarios a un tope más justo que promueva la distribución más equitativa, a pesar de perder puestos de trabajo, ( o buscar otras fórmulas para el reparto equitativo, por supuesto)

Imagen de portada y noticia en Abc.es

 

 

 

 

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